La amé de manera diferente y por primera vez…la amaba cuando caminaba, cuando reía e incluso cuando lloraba a mi lado; y la verdad es que el amor a los 16 es puro y sincero, sin prejuicios ni ataduras…es entrega y brillo.
La amé sobre todo en silencio, ocultándome en la antigua sombra del temor… en silencio y despacio por miedo al rechazo, en silencio, escabulléndome al dolor.
Solía mirar sus profundos ojos cafés mientras me hablaba para aprenderme de memoria cada una de sus miradas. ¡Esos ojos cafés! que me quitaban el aliento y por las noches quemaban mis sueños. Esos ojos de ensueño que cada vez que me miraban desbordaban dulzura y cariño.
Mucho tiempo creí que ella me amaba diferente…con el amor que consiente una amistad duradera como la nuestra, creí que me amaba y me aferré a esa loca idea…con un amor diferente pero al final de cuentas con amor.
Solíamos sentarnos en el salón de clases terminada la rutina académica diaria, conversábamos de todo un poco, de la historia de mi vida, de la suya, de anhelos y tonterías para pasar el tiempo, mas, sin embargo una tarde de verano cuando el sol ya se apresuraba a esconderse me acerque lentamente mientras me esperaba observando por la ventana, ella volteó a verme y nos quedamos en silencio, viendo en los ojos de en frente aquella chispa que nos unía. En ese momento lo supe por fin, su amor no era diferente al mío; le acaricié el rostro tiernamente y probé sus labios finos, la besé lenta y tranquilamente como cuando se prueba un buen vino. La besé y la tarde no fue más oscura ni la habitación vacía, la besé y en el espacio se dibujaban lindas mariposas de alas blancas, la besé y empecé a pertenecerle solo a ella.
El resto de la trama es historia, sin embargo todavía la recuerdo, nos recuerdo a ambas en nuestros uniformes azules con un suspiro, nos recuerdo en nuestros pupitres de colegio femenino, recuerdo nuestro amor inocente alguna tarde de verano. Cuando mi día termina antes de lo esperado, en una habitación oscura y no están ella…ni sus miradas, esperando.





